Recuerdo ese día me escribiste y me dijiste para vernos en la noche. Era lo mejor que sucedía en mi día saber que dormiría en tus brazos, con tu piel, tus besos y tus te amo. Llegaste y mi pulso se aceleró como cada vez que te veía; tu pelo rojo, tu sonrisa y te miraba como un bobo cuando estabas haciendo alguna cosa y me encanta hacerlo a escondidas.
Y sucedió, me dijiste que no podía seguir. Que por tu culpa eran mis problemas y que tal vez no ahora pero con el tiempo te lo achacaría a ti. Qué ironía yo ya había roto dos veces contigo aunque siempre arreglándonos al final y tú me dabas esta sorpresa, palabras? ninguna salían de mi boca. Todo se puso negro y como siempre sucedió lo que siempre hago: te dije que tenías razón, no luché por ti, no traté de convencerte que estabas equivocada, solamente quedé inmóvil.
Que noche esa sin duda, unas de las que más me ha marcado.
Lloramos, nos mirábamos y volvíamos a llorar. Hicimos el amor. Que pasión, que besos, que amor pero como todo llegó la mañana. Vi como te vestías, como te ibas maquillando los restos de una noche muy larga y vi como comenzaste a bajar las escaleras. Ese fue el momento quería tomarte por el brazo, besarte, decirte que eres la mujer que mas he amado en mi vida, que podríamos contra todo y todos, pero ocurrió de nuevo: me quedé callado solamente viendo como perdía mi alma gemela, mi amor eterno, mi infatuación.
